En la educación actual se insiste mucho en la dimensión intelectual, ¡pero no lo es todo!
¡Formación intelectual sin formación del carácter augura fracasos!
La vida es inestable, y sabemos que vendrán dificultades. Desconocemos qué van a necesitar intelectualmente nuestros hijos en el futuro, pero sí sabemos que tienen que ser fuertes para afrontar las dificultades (laborales, afectivas, …), por ello necesitamos educar su voluntad.
Una persona con un gran desarrollo intelectual sin una adecuada formación de su voluntad no llegará a madurar por falta de autocontrol, no será capaz de afrontar grandes retos ni de encajar frustraciones. Tendrá dificultades para comprometerse y para resistir las dificultades de la vida. De ahí la necesidad de una buena formación de la voluntad, concretada en un método concreto y en unos hábitos de comportamiento que formen el carácter.
¿Qué es la voluntad?
La voluntad es la capacidad de querer, y forja el carácter. Está formada por:
1º-tendencias (impulsos biológicos: comer, dormir, …) e ideales que nos mueven.
2º-discernimiento y decisión. ¿Qué tendencia elijo?
3º-ejecución
Ej. Cuando suena el despertador tenemos dos tendencias: levantarnos o quedarnos en la cama, y nosotros decidimos cuál realizar (existe una lucha interna, por varios motivos), y la llevamos a cabo.
Estas 3 partes han de ser educadas: darme cuenta de mis tendencias, aprender a discernir para decidir (esto les cuesta a los jóvenes), y luego llevarlo a cabo (también existe el perfil del que decide y no ejecuta).
¿Qué es el carácter?
Es el conjunto de hábitos adquiridos. Repitiendo acciones valiosas adquirimos un hábito, y eso es una virtud (hacer el bien que conviene).
¿Qué es lo importante para mí como padre/madre? ¿cuál sería mi testamento o qué le dirías a tu hijo si estuvieras a punto de morir? Pensémoslo.
De lo importante orientamos nuestras acciones, y al realizarlas las integramos en nuestra persona y lo automatizamos. Somos ejemplo y referente de nuestros hijos.
¿Cómo se educa la voluntad? ¿Cómo adquirir virtudes?
- Primeros pasos con niños:
1.º Descubrir lo que es importante a través de modelos y de experiencias: cuidar la familia, respeto a los demás, la vida de fe, … A lo que dedicamos tiempo es lo que consideramos importante. Educamos a los hijos constantemente, si dedico tiempo a la lectura, al uso del teléfono, etc.
2.º Pediremos un comportamiento. Por ejemplo, si consideramos el orden como algo importante, pediremos a nuestros hijos que sean ordenados, pero hay que saber que el no quejarse es más importante, hay que jerarquizar. Además, hay que individualizar, no pedir a todos los niños por igual.
No les ayudamos si sobreprotegemos con frases del tipo “no lo vas a saber hacer, déjalo”, “eres un desastre”, … les bajaremos la autoestima.
Es fundamental que crezcan con la fortaleza de sentirse queridos incondicionalmente, independientemente de sus éxitos o fracasos. Cada niño es un genio, y florece a su edad.
“Da más fuerza sentirse amado que ser fuerte”
3.º Cuando lo realice, refuerzo verbalmente lo positivo.
“¡qué bien que has hecho esto!” Hacer ver que adquirir hábitos (estudio, orden, …) les hace sentirse bien. Animarles a repetir la acción hasta conseguir el hábito.
No reforzar lo que quieres evitar, alguna vez corregir, y la mayoría de las veces no hacer caso. No eliminar consecuencias naturales de lo que hagan mal.
- Educación de los adolescentes y jóvenes:
- Enseñar a deliberar y discernir.
- Enseñar a elegir. La virtud de la prudencia.
- Enseñar a realizar. La virtud de la fortaleza
Dejarles que decidan ellos, preguntarles ¿qué es importante para ti? ¿qué opciones tienes? Razones a favor y en contra de cada opción. Consecuencias a medio/largo plazo. Tras tomar la decisión que se comprometan a ejecutarlo, si no serán irresponsables (tomar decisiones por impulso).
La prudencia es la clave de la madurez. Tener claro qué es lo importante y elegir la mejor opción.
La fortaleza es la capacidad para aguantar sin quejarse, hacer las responsabilidades con gusto, el hábito de afrontar las dificultades de cada día con ganas, la capacidad de lanzarse a hacer cosas.
Ayudar a nuestros hijos a encajar frustraciones, las cosas no ocurren como uno quiere. Saber afrontarlo con esperanza, con ilusión, con fortaleza.
“La queja no arregla, me debilita”
Hay que atreverse a nadar contracorriente, mantenerlo con firmeza y explicárselo a los hijos. Habitualmente las minorías son más fuertes, y tienen más personalidad.
La restricción es mejor que la sobreprotección. Cuando ha habido crisis, tras guerras, las personas son más fuertes que en el caso de nacer de la abundancia.
Una amenaza para la formación del carácter: la sobreprotección
El decidir por ellos, pensar por ellos, actuar por ellos. Los padres tenemos miedo, no confiamos en nuestros hijos, miedo a que fracasen, … y por ello los sobreprotegemos. Esto conlleva a la indefensión aprendida.
Nuestros hijos tienen que aprender con golpes. Y nosotros confiar en ellos y en Dios.
Antídoto frente a la sobreprotección: la responsabilidad.
Es bueno dar responsabilidades en casa, encargos que supongan esfuerzo, y enseñarles a hacerlo con alegría.
Lecturas recomendadas:
Aguiló, A.: Educar el carácter. Editorial Palabra, Madrid, 2009.
Alcázar, A. y Corominas, F.: Virtudes humanas. Ed. Palabra, Madrid, 2009.
Domínguez Prieto, X.M.: Llamada y proyecto de vida. PPC, Madrid, 2007.