Paternidad: una responsabilidad que no se va de vacaciones

Verano, móviles y nuestros hijos

Como padres, cada verano en estas fechas nos encontramos en la misma situación: llegan las vacaciones de nuestros hijos mucho antes que las nuestras. Y cuando por fin llegan nuestras vacaciones, llegamos agotados. Son demasiadas horas sin supervisión directa de nuestros hijos y, muy probablemente, teniendo ellos siempre un móvil a mano. Este es ahora uno de los mayores riesgos silenciosos para nuestros hijos.

No se trata de alarmismo, sino de realidad. El reciente informe de The Family Watch, en colaboración con la Universidad Complutense (ver aquí), pone cifras muy claras a lo que muchos intuíamos: la exposición a contenidos inadecuados llega antes, es más frecuente y, sobre todo, ocurre muchas veces sin haber establecido un control parental.

Algunos datos son especialmente llamativos. Por ejemplo, el estudio señala que el 44% de los menores de 12 años consumen pornografía. Además, solo un 32,5% de los adolescentes declara haber tenido algún tipo de control en su dispositivo durante su adolescencia. Es decir, la mayoría navegan prácticamente solos en un entorno que no está diseñado pensando en su madurez.

La combinación es preocupante: el primer móvil empieza a llegar en torno a los 12 años, justo cuando empieza una etapa de curiosidad, búsqueda de identidad y fuerte influencia del grupo. Y es también el momento de mayor vulnerabilidad: entre los 12 y 13 años, entre un 40% y un 50% de los adolescentes tiene su primera exposición a contenidos inapropiados.

Pero hay algo que como padres quizá nos interpela aún más: muchos de estos contenidos se consumen en casa y, concretamente, en su habitación, donde el joven está solo y fuera de nuestra mirada. Es decir, no ocurre fuera, ni en entornos extraños… ocurre bajo nuestro propio techo.

Verano: más tiempo libre, más riesgo

Si durante el curso ya es difícil acompañar el uso del móvil, en verano el reto aumenta exponencialmente. Días largos, menos estructura, menos rutina, más ratos muertos… y, en muchos casos, menos supervisión porque los padres seguimos con nuestras obligaciones laborales, etc.

Y aquí es donde conviene hacernos una pregunta incómoda pero necesaria:
¿sabemos realmente qué contenidos están consumiendo nuestros hijos cuando están con el móvil?

No se trata de controlar por desconfianza, sino de acompañar por responsabilidad. Igual que no les dejaríamos solos en determinados lugares físicos, tampoco deberíamos dejarles completamente solos en el entorno digital.

Qué podemos hacer (sin dramatizar, pero sin mirar para otro lado)

Desde mi experiencia —y apoyándome en lo que recomiendan los expertos— hay algunas cosas bastante de sentido común que marcan la diferencia:

  • Poner normas claras de uso: horarios, espacios (evitar uso en habitación por la noche), y límites de tiempo.
  • Supervisión activa: conocer las apps que usan, los contenidos que ven y con quién interactúan.
  • Herramientas de control parental: no son la solución completa, pero ayudan. (https://reddepadres.org/taller-practico-de-control-parental)
  • Conversaciones abiertas: hablar sin dramatizar, pero con claridad, sobre los riesgos reales.
  • Dar ejemplo: si nosotros estamos enganchados al móvil, el mensaje pierde fuerza.

Al final, no se trata de prohibirles el uso de dispositivos móviles, sino de retrasar la exposición (vemos como cada vez se recomienda retrasar más el acceso a plataformas digitales a menores de 16 años), reducirla y, sobre todo, acompañarles para que no pille a nuestros hijos sin herramientas para desenvolverse adecuadamente.

Un verano que sume (y no que reste)

El verano puede ser una oportunidad extraordinaria para que nuestros hijos tengan una etapa de cierto “abandono digital”.

Para eso, más allá de limitar, creo que la clave está en proponer:

Porque, en el fondo, el objetivo no es solo evitar lo negativo, sino llenar su tiempo de cosas buenas. Nuestros hijos no necesitan un verano que los “asalvaje”, sino uno que les haga bien. Y eso, seamos sinceros, depende en gran medida de nosotros.