Lo que se da no se quita

¿Qué es lo mejor que un padre puede dar a un hijo? En una sociedad que ofrece cada vez más oportunidades, estímulos, recursos, te surge la pregunta de si las familias estamos transmitiendo a nuestros hijos aquello que de verdad importa.

 

Los escritores Pilar Guembe y Carlos Goñi abordan esta cuestión en su nuevo libro «Lo que se da no se quita”, es una lectura fundamental que te hace reflexionar sobre el verdadero legado de los padres que dejan a sus hijos.

 

El legado no tiene que ver tanto con lo material como con algo mucho más profundo como es el tiempo compartido, el ejemplo cotidiano, la confianza y los valores que se viven dentro de la familia.

Con el paso del tiempo los hijos crecen en un contexto distinto al de generaciones anteriores sin embargo lo que construye a una persona continúa siendo lo mismo.

 

Hay muchos padres que sienten que han de darlo todo a sus hijos, pero educar no es darlo todo, sino dar aquello que realmente permanece.

 

El progreso económico y social de las últimas décadas ha permitido a las familias poder ofrecer a sus hijos más oportunidades, estudios, actividades, experiencias… generando en ocasiones confusión entre lo que es educar y lo que es proporcionar. 

A veces esas propuestas se traducen en agendas llenas de actividades o búsqueda de nuevas oportunidades, sin embargo, dar es transmitir una manera de vivir, de pensar y de relacionarse con los demás. 


La familia sigue siendo el lugar donde los hijos aprenden las bases de su carácter y este mismo se transmite de forma natural a través de la convivencia diaria ya que gran parte de la educación ocurre con gestos cotidianos. Los hijos observan el comportamiento de sus padres siendo el ejemplo una de las herramientas más poderosas en la educación.

 

La coherencia entre lo que se dice y se hace es, según los autores de este libro, uno de los pilares de la autoridad educativa como padres.

Uno de los grandes desafíos de las familias hoy en día es el ritmo de vida. Las agendas cargadas, las obligaciones diarias hacen que el tiempo parezca siempre escaso. Sin embargo, la educación necesita precisamente eso: tiempo.


Tiempo para hablar, para compartir, para escuchar.

En la sociedad de hoy en día estamos acostumbrados a la inmediatez, y esta no encaja con los procesos educativos que lo que requieren es tiempo.
Otro aspecto que se aborda es el papel de los límites en la educación. Cuando los niños saben qué se espera de ellos y cuales son las normas de convivencia, desarrollan mayor seguridad.


La conclusión fundamental del libro es que la educación es un acto de generosidad incondicional y una responsabilidad a largo plazo. La frase que da título al libro subraya que todo el amor, los valores, el tiempo y los límites que los padres y educadores entregan a los niños («lo que se da») forman una base sólida en su personalidad que permanece para siempre y no puede ser borrada («no se quita»).